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Chico Linares



Si estuviera trabajando en el organigrama técnico del club, sería uno de los mejores ejemplos de “hombre de club”. Salvo un pequeño lapsus de tres temporadas en el Recreativo de Huelva, toda su vida futbolística, comenzando casi en infantiles, está ligada a los colores amarillo y azul de su Cádiz, por el que lo dio todo como futbolista. Tuvo un ascenso fulgurante a la primera plantilla, y fue uno de los pilares en la revolución “gaditana” que sufrió el club en 1980, tras la destitución de Olsen y la llegada de vacas flacas. Es uno de los mayores exponentes de la cantera cadista que tantas satisfacciones nos dio en aquellos dorados años 80, y a día de hoy, en el momento de la publicación de esta biografía, salvo que Raúl López (único en activo que puede alcanzarle) diga lo contrario, el hombre que más temporadas (13) ha vestido la elástica cadista

 

 

EQ. TEMP. EQUIPO CAT PJ G
78-79 CÁDIZ 2ªDIV. 19  1 
79-80 CÁDIZ 2ªDIV. 14 1
80-81 CÁDIZ 2ªDIV. 29 3
81-82 CÁDIZ 1ªDIV. 31 0
82-83 CÁDIZ 2ªDIV. 27 1
83-84 RECREATIVO HUELVA 2ªDIV. 34 2
84-85 RECREATIVO HUELVA 2ªDIV. 28 0
85-86 RECREATIVO HUELVA 2ªDIV. 34 2
86-87 CÁDIZ 1ªDIV. 41 0
87-88 CÁDIZ 1ªDIV. 35 1
88-89 CÁDIZ 1ªDIV. 34 0
89-90 CÁDIZ 1ªDIV. 27 0
90-91 CÁDIZ 1ªDIV. 20 0
91-92 CÁDIZ 1ªDIV. 14 0
92-93 CÁDIZ 1ªDIV. 7 0
93-94 CÁDIZ 2ªDIV. 2 0

 

Jesus María Linares Loaiza, para toda la afición cadista “Chico” Linares, nace el 4 de abril de 1958. A la vez que él, nacía una pasión por el fútbol y el balón, del que no se separaba. Enseguida empezó a jugar, y en cuanto tuvo edad para ello, comenzó a entrenar y jugar en equipos infantiles, siendo su primera parada el Regina Pacis, caldo de cultivo en aquellos años de futuros ases del club amarillo, algunos de los cuales conoció aquí ya, y con los que compartiría muchísimos años de éxitos, casos de Juan Jose o Pepe Mejías.

Un año en el Pacis le bastó para presentarse a una prueba para el Cádiz, en el correccional, de la que salió seleccionado, aunque no con buena nota. Los mejores pasaron a formar parte del Cádiz Juvenil B, y otros como él, les tocó marchar al Cádiz Atlético, un pequeño limbo de jugadores también en edad juvenil, que ni siquiera disponían de campo para entrenar ni jugar. La liga en la que estaba integrada se disputaba en la playa, y los horarios, por supuesto, los marcaba la marea.  Por supuesto no era esa la idea que tenía para él Chico entonces, pero a él lo que le importaba era jugar, ya llegarían las oportunidades.

 


Y así fue. Tras su año en la playa, fue escogido para pasar al Juvenil B. Lo que los técnicos no supieron ver un año antes en la prueba en el correccional, lo vieron ahora muy claro: aquel chico tenía cualidades y nivel para aspirar más, y enseguida pasó al Juvenil A. En contra de los que vieron a Chico jugar en el primer equipo puedan pensar, por aquel entonces Linares era un jugador de vocación ofensiva. Hasta aquel momento había jugado como extremo diestro, pero ya en el juvenil retrasó algo su posición, a la de centrocampista ofensivo. A pesar de que se había “saltado” una etapa, pasando directamente al Juvenil A, su rendimiento fue “in crescendo”, y a final de temporada, empezó a recibir llamadas para completar las convocatorias del filial amarillo, en el que había un nivelazo impresionante, con jugadores como Botubot

 

La temporada siguiente, todavía en edad juvenil, pasó a ser integrante de pleno derecho del Cádiz B, entrenado entonces por Manolo Lapi, que supo ver sus cualidades, y lo utilizó como titular en casi todos los partidos. Fueron dos temporadas de continuo aprendizaje y crecimiento en el filial amarillo. En su segunda campaña en el filial, la 77-78, el Cádiz peleaba por conservar la categoría en su primer año entre los grandes. En la recta final, desesperado por no encontrar soluciones, Mariano Moreno, sustituto entonces de Enrique Mateos, empezó a incorporar a los jóvenes más destacados primero a los entrenamientos, y posteriormente a las convocatorias en Primera. Juan Jose y Pepe Mejías fueron los primeros, y Chico fue inmediatamente tras ellos, aunque en principio se limitaba a entrenar a diario con los mayores, y si no era convocado, a jugar con el filial.

Cuando todo parecía apuntar a que en breve Chico daría el último salto que le quedaba por dar en la cantera y debutaría con el primer equipo, un incidente en un partido del filial le cerró por completo las puertas, ya Mariano Moreno lo defenestró por completo, y a punto estuvo de costarle incluso su salida del club. No obstante, la directiva confió en él y lo mantuvo en nómina, lo cual fue un acierto, ya que en cuanto llegó Roque Olsen al año siguiente, enseguida empezó a contar con el gaditano.

Ya en el primer equipo, desde el principio, Chico pasó a la que sería su posición habitual y por la que ha pasado a la memoria colectiva del cadismo, la de centrocampista pivote o bien como líbero. En su primera temporada tuvo una participación más que notable. Empezó siendo titular siempre, pero a mediados de la temporada, Olsen cambió la estrategia: Chico formaba en el once en los partidos a domicilio, para dar más seguridad atrás, mientras que en casa, donde el equipo debía abrirse más, era Ibáñez el que ocupaba el puesto vacante en la medular. Una estrategia que Olsen siguió usando con él en su segunda temporada, la 79-80, en la que jugó en 14 partidos.

 

 

En el verano de 1980, Milosevic tomó el testigo dejado por Olsen, y el equipo sufrió una reestructuración total. Ante el déficit de la entidad, muchos jugadores causaron baja, y el primer equipo se nutrió casi en su totalidad de canteranos. Ahí hombres como Chico Linares tuvieron su gran oportunidad para convertirse en protagonistas, que aprovecharon muy bien. Tanto, que consiguieron el histórico ascenso en Elche, en el que Linares tuvo un papel decisivo. Fue uno de los fijos de Milosevic (29 partidos y 3 goles), aunque se perdió el decisivo partido en el Nuevo Estadio (hoy Martínez Valero) por sanción. A partir de ahí se convirtió en pieza clave del balcánico, tanto en la temporada 81-82, en la que no se pudo defender el ascenso conseguido, como en la 82-83, en la que los amarillos retornaron de nuevo a lo más alto. Aunque aquel año empezaron a posarse sobre él negros nubarrones que terminarían en la salida de Chico del club.

Aquel año (1982), como a la mayoría de sus compañeros (como va dicho, Linares llegó al club después de compartir toda su trayectoria con algunos de los amigos que hizo ya en infantiles), le tocaba realizar el servicio militar, en San Fernando. Por mediación de Irigoyen, como no podía ser de otra manera, los jugadores cadistas estaban exentos de tal trámite, y sólo tenían que ir a firmar una vez al mes. Sin embargo, mientras el resto de sus compañeros firmaba y se marchaba, él se encontró con otra respuesta: al día siguiente debía presentarse con el petate en el cuartel. “Orden de comandancia”, fue todo lo que le dijeron.

El motivo era que Chico en aquellos tiempos se erigió en “líder sindical” del equipo. Como hemos reseñado anteriormente, firmó un contrato en su día, que le ataba con el club durante varias temporadas. En aquel momento, Linares era muy joven, y pensó que estaba firmando el contrato de su vida, máxime, cuando pesaba sobre él una amenaza de despido. Pero con el devenir de los años, su ficha era a todas luces insuficiente. Sin embargo, entonces, los clubes tenían un derecho de retención sobre los jugadores que habían criado en sus canteras, hasta cumplir éstos los 27 años, obteniendo únicamente un aumento del 10% en sus fichas por temporada. Linares era ya un futbolista de nivel, con experiencia en Primera, y quería que esto se le reconociera en su nómina. Por eso, desde el primer momento, se asoció en la AFE, y apoyó las huelgas que se convocaron entonces. Irigoyen, que formaba parte del bando contrario, la Federación Española, tomó represalias contra él.

 

 

Así pues, Chico se vio trabajando duramente en la mili por las mañanas. Milosevic le pidió que fuera a entrenar por las tardes, a lo que el jugador se negó hasta que no se equiparara su situación a la del resto de sus compañeros. Irigoyen no lo permitió, y durante algunas semanas, Linares quedó relegado al ostracismo. Pero tuvo un golpe de suerte. El paraguayo Dos Santos cayó lesionado, y Milosevic necesitaba ahora con urgencia un marcador. El yugoslavo presionó a su presidente, y éste terminó cediendo. El jugador se reincorporaba al equipo. Un acierto total, y beneficioso para ambas partes, ya que nuevamente Chico Linares fue clave para ascender de nuevo.

Sin embargo fue sólo una tregua, porque al concluir la temporada, Linares vio rescindido su contrato, y tuvo que buscarse nuevo equipo. Al estar en periodo militar, no podía abandonar Andalucía, y eso limitó sus posibilidades. Aunque tuvo dos buenas ofertas: Granada y Recreativo. Finalmente, el gaditano se decidió por el Decano, que militaba en Segunda División.

Linares pasó tres temporadas en Huelva, en las que también se convirtió en titular casi indiscutible. Especialmente bueno su tercer y último año en El Colombino, en los que los blanquiazules, de la mano de Espárrago, estuvieron a punto de ascender a Primera. Su rendimiento en Huelva demostró que estaba perfectamente capacitado para jugar en el Cádiz, y que su salida del club no había respondido a criterios deportivos.

Así, al acceder al cargo de entrenador del club amarillo Manolo Cardo, a comienzos de la temporada 86-87, éste solicitó que se trajera de vuelta al centrocampista gaditano. Irigoyen consintió, pero con un requisito muy especial, que nos relata el propio jugador: “nos reunió en una sala al Diario de Cádiz y a la Cadena SER (que eran por aquel entonces prácticamente los únicos medios que informaban a diario de la actualidad del club) y a mí, y nos exigió a los periodistas y a mí que no diéramos ninguna información sobre cómo había salido de la entidad, tres años antes, ya que era algo que podía salir en cuanto se hiciera público mi regreso”. Todos accedieron, y Chico Linares volvió a firmar con el Cádiz, esta vez, con un contrato que reconocía sus méritos sobre el verde.

Era el comienzo de un larguísimo ciclo de nada menos que ocho temporadas, en las que Linares comenzaría siendo pieza clave e inamovible del once (en sus tres primeras temporadas, apenas faltó a algún partido por lesión o sanción), para ir viendo, progresivamente, como los nuevos talentos que venían empujando detrás le obligaban a ir haciéndoles sitio.

 

 

Sin género de dudas, las temporadas que peor recuerdo dejaron en la memoria de Chico fueron las dos últimas de su estancia en el club. En primer lugar, porque fueron dos descensos consecutivos, y en el plano personal, fue muy frustrante para él no poder ayudar a evitar la catástrofe, ya que apenas sí jugó diez partidos (sumando ambas campañas). Especialmente dolorosa fue la segunda, ya en la categoría de plata, en la que hubo varios cambios de entrenadores, y en general fue un caos. Cuando llegó Naya al banquillo amarillo, éste dio bajas a varios jugadores (buscando renovar el plantel) que no consideraba válidos, entre los que se encontraba Chico Linares. El gaditano tenía decidido, terminara como terminara la temporada, retirarse de forma definitiva, por lo que económicamente era mejor para él aceptar la baja que esperar a que su contrato concluyera. Pero para Chico fue muy triste y le generó una gran sensación de impotencia ver cómo su equipo, al que le había dedicado tanto esfuerzo y sudores, y que tanto le había dado, se hundía en el pozo de la Segunda B, sin poder hacer nada por remediarlo. Un final inmerecido para una trayectoria como la suya en el club, aunque muchos entonces tuvieron que despedirse del equipo en circunstancias rocambolescas, con un club que navegaba a la deriva por la nula gestión de sus entonces dirigentes.

 

DE CABEZA A LOS BANQUILLOS

Chico Linares no esperó mucho. En cuanto colgó las botas se preparó y superó el curso de entrenadores a nivel nacional (entonces no estaba permitido obtenerlo mientras se era jugador en activo), y pronto comenzó su andadura como técnico. Su primera experiencia de relieve fue, como no podía ser de otra manera, en su club de toda la vida. Siendo Paco Chaparro el inquilino del banquillo de Carranza, entró como segundo de éste, así como entrenador del Cádiz B, en la temporada 95-96. Mediada ésta, el sevillano fue destituido, y el club le ofreció a él el puesto. Linares quiso ser fiel al entrenador que le había dado la oportunidad de ser su segundo, pero Chaparro le aconsejó que no dejara escapar aquella ocasión que posiblemente tardaría mucho tiempo en volver a tener si no la agarraba. Así lo hizo. Linares dirigió al equipo hasta final de temporada, y de haber tenido un poco más de tiempo, muy posiblemente habría alcanzado la liguilla de ascenso (el equipo terminó sexto).

Al finalizar la campaña, Antonio Muñoz le comunicó que para la venidera temporada, quería contratar a alguien de mayor experiencia para su puesto, y por tanto, no continuaría como responsable del primer equipo. Se le ofreció quedarse en el club, pero Chico quería entrenar a equipos profesionales, en lugar de circular por los distintos escalafones inferiores, y firmó por el Manchego de Ciudad Real. Su temporada fue notable, alcanzando el playoff de ascenso. Sin embargo, fue imposible acceder a Segunda: su grupo de liguilla fue terrible, encuadrado con Recreativo, Numancia y Nastic, que fueron demasiada competencia.

Un año después viaja a Baleares para dirigir al Mallorca B, en la categoría de bronce. Esta vez sí coronó la excelente temporada regular con el salto a Segunda, algo totalmente inédito para los bermellones. Por supuesto, continuó como entrenador ya en la liga de plata, pero una mala racha de su equipo significó su destitución. Sus sustitutos no fueron capaces de conseguir que la experiencia del filial mallorquinista en Segunda durara más de un año.

 

 

Su buen trabajo en Ciudad Real y Mallorca fueron avales suficientes para que ahora sí, la directiva cadista pensara en él como el entrenador que debía sacar al Cádiz del pozo de la Segunda B. De la mano de Fran Canal y Rafael Mateo, Chico Linares hacía realidad su sueño de entrenar a su equipo, en la temporada 99-00. Sin embargo, dicha experiencia no terminó de la forma deseada. El equipo no terminaba de entrar en los puestos de liguilla, aunque los seguía de cerca. Justo al cumplirse la primera mitad de la liga, con el equipo en sexta posición, es cesado de su puesto. Por lo acontecido después, parece que no fue una buena decisión. Detrás de él pasaron Sánchez Franzón y Emilio Cruz, y el equipo se libró del descenso a Tercera por los pelos, desatándose la enorme crisis del Grupo Zeta que por poco no nos deja sin equipo.

Linares no se rindió y para el año siguiente, aceptó ya comenzada la temporada el banquillo del San Fernando, tras el despido de Nene Montero. El gaditano consiguió que los isleños salvaran la categoría, pero salió muy desavenido del club azulino, según él mismo nos cuenta: “cuando la permanencia ya era un hecho, nos ofrecieron muchas primas, según si jugábamos contra equipos que se jugaran el ascenso o el descenso. A mí me obligaron a alinear a los juveniles, para que dichas primas fueran íntegras a la directiva en lugar de a los profesionales, y no acepté”. Por ello, su andadura en el banquillo “cañaílla” fue efímera.

Para la temporada 2001-2002 su destino fue el Benidorm, también en Segunda B. Linares se llevó allí a varios de los jugadores con los que había compartido vida deportiva (tanto de jugador como de entrenador), como Javi Germán, en un bonito proyecto que tenía por objetivo el ascenso. Sin embargo, tras un comienzo esperanzador, el equipo fue cayendo a puestos de mitad de tabla, y la directiva dejó de contar con él.

Desde entonces (hubo una tentativa al verano siguiente con el Lanzarote, pero los cuando todo parecía atado, los canarios se echaron atrás), Chico Linares no ha vuelto a tener más contacto con los banquillos, si bien él sigue esperando la llamada que le abra las puertas a una nueva oportunidad.

 




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  Creación ficha:  30/01/2008
  Última actualización:  30/01/2008
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