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Jose González


El nombre de Jose González está inscrito ya para siempre como uno de los entrenadores más importantes no ya de la historia reciente del club, sino posiblemente de sus cien años de vida. Después de ocho duras campañas en Segunda B en las que muchas veces parecía que jamás saldríamos del pozo, tuvo que ser un gaditano, sin experiencia previa en los banquillos, y que además había sido jugador del primer equipo años atrás, el que consiguiera un ascenso que se celebró más que algunos de los que nos abrieron las puertas a Primera.


Tras retirarse como jugador, después de haber pasado por Cádiz, Mallorca, Albacete, Rayo Vallecano, Málaga, además de un pequeño periplo por la liga china, Jose González tenía muy claro que quería seguir ligado al mundo del fútbol, esta vez desde los banquillos.

Por ello, tras colgar las botas, se puso inmediatamente a estudiar para obtener el título nacional de entrenador, y a visualizar partidos a todas horas, adquiriendo más y más experiencia, aprendiendo, absorbiendo como una esponja. 

Así pasó tres años, en continuo aprendizaje, hasta que tuvo su primera experiencia como entrenador, que sería en el equipo cadete del Domingo Savio, donde estuvo una temporada.

Con la llegada de Antonio Muñoz a la presidencia del club en el año 2000, se abrieron para él las puertas del Cádiz, que con el grupo ADA anteriormente habían estado cerradas a cal y canto. Así, el director general de entonces, Fran Canal, y su mano derecha en lo que a la cantera refería, Juan Antonio Sánchez Franzón, lo ficharon para que entrene al Balón Juvenil, en la temporada 2000-2001. Junto a él iría como segundo otro insigne jugador del pasado cadista, Alfonso Cortijo, que sería su escudero en todos sus equipos a los que con posterioridad iba a entrenar. 

Los resultados fueron muy positivos, de forma que Jose González se ganó que se siguiera confiando en él para que siguiera liderando el mismo grupo de chavales, esta vez en el Cádiz Juvenil, en la temporada 2001-2002, la primera en la que el gran público cadista empezó a oír más en serio sobre la faceta del gaditano como entrenador. Y es que su equipo se salió aquella temporada, llegando a la final de la Copa del Rey, que sólo le pudo ser arrebatada por el Real Madrid.

La demostración hecha por Jose y sus pupilos no pudo ser más oportuna, ya que aquel verano, tras una campaña desastrosa (en la que ni tan siquiera se pudo conseguir puesto para la liguilla de ascenso), Antonio Muñoz tenía que elegir nuevo entrenador para el noveno intento de dejar atrás el pozo de la Segunda B, tras una desastrosa temporada en la que hasta cuatro inquilinos ocuparon el banquillo de Carranza. 

Resueltos a escoger a alguien de la casa y olvidarse de traer técnicos de fuera que pedían altos emolumentos pero que no garantizaban en absoluto el ansiado retorno a la Segunda División, los candidatos finales eran dos exjugadores que entonces ocupaban banquillos de equipos de la cantera: Ángel Oliva (que dirigía al filial) y el propio Jose, técnico del ya mencionado Juvenil. Parecía que lo lógico y natural era que se produjera una “promoción” interna, de forma que Oliva pasara al primer equipo, y Jose “subiera” al filial. Pero a pesar de la menor experiencia del exdelantero, la directiva cadista se decidió, para sorpresa de muchos, por Jose González. No sabríamos que habría pasado de haber sido Oliva el elegido, pero el día que se anunciaba el nuevo entrenador, se estaba poniendo la primera piedra, sin que muchos lo sospecharan entonces, para abandonar la travesía por el desierto de la Segunda B.

Desde los primeros partidos se vio que Jose traía aire fresco y renovado al equipo y al juego del mismo. Con una plantilla plagada de buenos jugadores, Jose dio atributos al cuadro amarillo que hasta entonces habían brillado por su ausencia. Puso en práctica sus conocimientos recién adquiridos, más modernos que los de muchos de sus colegas de profesión, pasando a jugar con el 4-3-3 que empezaba a imponerse en el fútbol. Unas bandas prodigiosas (Palacios y Dani Navarrete) y unos mediapuntas certeros (Pavoni) reventaban una y otra vez los anticuados sistemas defensivos de la Segunda B. Además, Jose se reveló como un virtuoso de la estrategia, algo totalmente desconocido en los entrenadores de la categoría. Fueron muchísimos los goles obtenidos tras los minuciosos estudios en la pizarra. Se verían así los rasgos que definirían a Jose como entrenador: seriedad absoluta, planificación de todos los detalles, muy observador de la estrategia, y siempre con las miras puestas únicamente en objetivos a corto plazo, en ganar el siguiente partido.
Especialmente espectacular fue el rendimiento del equipo en casa, germen que fuera de la sintonía que reinaría entre afición y equipo de aquella temporada en adelante, para admiración de toda España. El cadismo llenaba el Carranza (registrándose cifras de asistencia de récord absoluto en la categoría de bronce, y que muchos equipos de Segunda no soñaban en igualar), sabiendo que iba a presenciar un espectáculo, un derroche de calidad y entrega, y del que durante ocho años había sido privado, salvo en contadas ocasiones. Era un caramelo demasiado goloso para una gente que llevaba mucho tiempo sufriendo actuaciones, en muchas ocasiones lamentables, de su equipo en su propio feudo.

La cruz la ponían los encuentros lejos de Carranza, algo que le supuso las únicas críticas que tendría que escuchar Jose durante aquel año. El equipo se dejaba demasiados puntos en sus visitas a domicilio, lo que le impedía destacarse en la tabla de forma definitiva. Tanto fue así, especialmente en el último tercio de competición, que se llegó a la última jornada de la liga regular sin tener asegurada una plaza en la liguilla de ascenso. Y para colmo, los amarillos se la jugaban en el último encuentro lejos de Carranza, en Cartagena. Ni después de un año de juego de tiralíneas y tardes gloriosas, se libraba el cadismo de tener que morderse las uñas hasta última hora. Por fortuna, los gaditanos sacaron el empate que necesitaban, y accedían a la liguilla de ascenso como cuartos clasificados. No deja de ser irónico que el Cádiz ascendiera tras ser cuartos en la liga, cuando en sus presencias anteriores en dicha liguilla, había sido campeón de su grupo, aunque sin rematar la faena posteriormente.

En una liguilla de infarto, que quedará para la historia por el increíble apoyo que recibió el equipo, a pesar de tener que desplazarse a puntos alejadísimos de la geografía española (Logroño, Barcelona y Las Palmas), y en la que muchos terminaron rezando para que el último choque a domicilio ante el Universidad LP, acabara con el empate necesario para ascender, Jose González y los suyos, conseguían por fin hacer el sueño de tantos gaditanos, devolviendo a su equipo al sitio del que nunca debió salir.

Ni que decir tiene que Jose González, uno de los héores preferidos por los aficionados, se ganó a pulso continuar un año más en el equipo, esta vez con la también difícil tarea de consolidar al Cádiz en Segunda, de forma que tanto esfuerzo y sacrificio no se diluyeran en un año. Y a fe que lo consiguió. Con los mismos valores y filosofía con los que había dejado atrás la Segunda B, y pese a sufrir bajas (como la de Palacios), el Cádiz pasó con un notable alto su primer contacto con Segunda después de diez años, consiguiendo una permanencia más que holgada, dejando partidos de un fútbol exquisito en algunos momentos, y del que inclusó se llegó a hablar como candidato al ascenso en algunas jornadas del campeonato.

Tras firmar como entrenador en noviembre de 2006 Partido liguilla vs. Barça B (2003)

El excelente trabajo de Jose González en el banquillo amarillo no pasó desapercibido en el panorama futbolístico español, y varios clubes de mayor potencial al nuestro empezaron a interesarse por él. Finalmente, en el verano previo a la temporada 2004-2005, se confirmaban los rumores que ya se habían incluso desatado durante la temporada anterior. El fichaje de César Ferrando como entrenador del Atlético de Madrid dejaba un vacío en el Albacete, al que había ascendido a Primera, y que los manchegos cubrieron con el preparador gaditano. En apenas tres años, Jose había pasado de dirigir un equipo juvenil, a entrenar a un club de la mejor liga del mundo.

Sin embargo, la experiencia no fue todo lo positiva que él esperaba. Como era lógico, el Albacete estuvo toda la temporada en la zona baja de la tabla, peleando cada domingo por tener un punto más que el equipo clasificado en el primer puesto de descenso. La directiva albaceteña no tuvo paciencia, y destituyó al gaditano cuando el cuadro manchego se encontraba a un punto de la salvación. A final de temporada, el Albacete acabaría descendiendo por mucha más distancia.

La campaña 2005-2006, a pesar de sonar para varios equipos, pasó en blanco para él. Y el verano siguiente, el de la 06-07 su nombre sonó muchísimo para sustituir, nuevamente en el Cádiz, a Víctor Espárrago, que había sido precisamente quien ocupó el lugar de Jose cuando éste fichó por el Albacete. Finalmente, la directiva cadista decidió arriesgar de un modo parecido a como lo hizo cuando apostó por Jose en el verano de 2002, aunque esta vez el tiro no fue acertado. Antonio Muñoz decidió darle el bastón de mando a Oli, que pasó de la noche a la mañana del terreno de juego a colgar las botas y ocupar el banquillo cadista. El técnico asturiano no pudo con la exigencia de retornar a Primera, y con un equipo y vestuario que estaban viciados después de tantos años sin apenas cambios importantes.

Tras caer derrotados por 5-4 en El Molinón, Muñoz y su consejo de administración decidieron cesar al que fuera el héroe de Chapín, y llamar a Jose González para intentar reconducir la nave, y no perder el tren del ascenso. El gaditano volvía así a entrenar a su equipo de toda la vida.

Ceuta-Cádiz (02-03) Exultante tras el ascenso en Las Palmas

Durante sus primeros meses de vuelta en el banquillo amarillo, Jose fue capaz de sacar a flote el proyecto, y volver a ilusionar al cadismo tras una buena racha de victorias que encaramaron a los suyos al cuarto puesto de la clasificación. Pero fue sólo un espejismo: en la visita del Almería a Carranza, al poco de iniciarse la segunda vuelta, en un partido que se antojaba vital para los amarillos (los rojiblancos estaban en puestos de ascenso), los almerienses desnudaron las carencias y vicios del Cádiz, que quedó herido de muerte, y que convirtió el resto de la competición en un calvario para técnico, directiva y aficionados, que a falta de tres meses para que acabara la liga, se habían quedado sin objetivos. Jose estaba condenado de antemano, y es que las dimensiones del terreno de juego del Ramón de Carranza, muy disminuidas por las obras de remodelación de fondo norte, hacían imposible desplegar un juego de ataque, ya que todos los equipos visitantes se encerraban atrás, sin dejar apenas espacios, ya que había mucho menos terreno que cubrir, y las bandas eran casi inexistentes. Fue algo de lo que Jose se estuvo lamentando toda la temporada, pero que no tenía que solución, y que hizo sufrir de lo lindo a la afición, que tuvo que padecer al equipo menos goleador en casa de toda la competición. Parecía irónico que en su segunda etapa como entrenador cadista, Jose le diera la vuelta a la tortilla, consiguiendo un equipo casi perfecto fuera de casa, pero que como local perdía todo el crédito, justo al contrario que en su primera experiencia como entrenador cadista.

Se vivieron algunos momentos muy tensos, y la temporada terminó derivando incluso en el cambio de directiva, tras la compra de las acciones del club por parte de Arturo Baldasano, que si bien elogió la labor de Jose González al frente del banquillo, tenía ya totalmente decidido renovar por completo el organigrama deportivo de la entidad con su propio equipo.

Tras esta etapa cadista, Jose no recibe ofertas, y queda a la espera de las mismas. La llamada que lo devuelve a los banquillos se produce en abril de 2008, cuando otro equipo andaluz decide poner a sus futbolistas en manos del exdelantero gaditano, el Córdoba CF, que milita en Segunda División. El cuadro califal vive una situación angustiosa, y de tener un proyecto para pelear a subir a Primera, se ve inmerso en el barro de evitar la Segunda B. En estas, Paco Jémez es destituido, y Jose acepta el reto de salvar a los blanquiverdes. Por primera y única vez hasta ahora en su carrera, el gaditano no viene acompañado de su inseparable mano derecha, Cortijo, sino que acepta la imposición del Córdoba de que Luna Eslava, también exjugador amarillo, sea su segundo de a bordo.

A buen seguro que el bueno de Jose no se podía imaginar, por aquel entonces, que iba a cruzarse en ese camino con su Cádiz de siempre, en unos segundos de infarto. En concreto, los que tardó Abraham Paz en fallar aquel fatídico penalti en el Rico Pérez que nos condenó al infierno de la categoría de bronce. Como es sabido, el Hércules-Cádiz era el último partido que faltaba por finalizar en la última jornada. El Córdoba de Jose había cumplido en su campo, pero si los amarillos marcaban aquel tanto y ganaban, serían los blanquiverdes los que pasarían a ocupar el cuarto puesto por la cola.

Cuando posteriormente, en rueda de prensa, se le preguntó por sus sentimientos, Jose no pudo contener las lágrimas, y reconoció que estaba tan contento por lo profesional como dolido por lo personal: "¿Qué se quiere más a una madre o a una esposa?", una frase que muchos aficionados cordobesistas no entendieron bien, y se lo recriminarían tiempo después.

La permanencia le valió a Jose renovar como técnico del conjunto cordobés, pero en la temporada siguiente, la 2008-2009, el conjunto de El Arcángel mostró los mismos síntomas que casi le costaron la categoría el año anterior. Así, en diciembre, Jose es cesado, tras haberse disputado quince jornadas, su equipo ocupa el decimoctavo puesto de la Liga Adelante, con 16  puntos, los mismos que el cuarto por la cola.

La temporada siguiente Jose vuelve a un banquillo de Segunda A, esta vez al del Real Murcia. Nuevamente, llega para apagar un fuego, el que ha prendido en La Condomina Jose Miguel Campos, que tras las diez primeras jornadas del campeonato correspondiente a la temporada 2009-2010, no ha ganado un solo encuentro. Todo esto ocurre en noviembre de 2009. No fue en absoluto fácil la aventura murciana de Jose. La escuadra murciana no terminaba de arrancar, e inevitablemente se terminó viendo abocado a la lucha por evitar el descenso.

Tras la derrota del Real Murcia en Carranza por 1-0, con un gol de cabeza de Fleurquin, la afición, que ya andaba de uñas con el técnico gaditano, se le terminó de echar encima, acusándolo incluso de haberse dejado perder contra su equipo del corazón. A pesar del aluvión de críticas, clamando contra las tácticas de Jose, que afirmaban que echaba a su equipo atrás cuando marcaba (el Murcia perdió ese año muchísimos puntos en los últimos minutos, y falló más penalties que nadie en la categoría), el máximo accionista grana, Samper, del que Jose guarda un gran recuerdo ("con él gané un amigo para toda la vida con el que espero volver a trabajar"), lo mantuvo contra viento y marea hasta la última jornada.

Y cosas del fútbol, lo que dos años anterior le dio, en aquella ocasión se lo quitó casi de igual manera, en el último suspiro y de penalti. El Murcia visitaba al Girona. Era el único encuentro de la última jornada de liga en el que los dos contendientes se jugaban algo. El que ganara, se salvaba de la quema sin tener que mirar otros resultados (que desde el primer minuto dejaron claro que no habría sorpresas y que los maletines habían funcionado a la perfección). Los pupilos de Jose se adelantaron en el minuto 28 gracias a un gol de Capdevilla, y parecía que por una vez, la fortuna les sonreiría esa campaña, y que serían los catalanes los que darían con sus huesos en Segunda B. Pero como tantas veces ese año, los minutos finales condenaron al cuadro de Jose. Un penalti en el alargue, transformado por Kiko Ratón, enviaba a los infiernos al Real Murcia. Imposible tener una peor despedida.

Para la temporada 2010-2011 Jose no es tenido en cuenta por ningún equipo, hasta que una vez más, alguien se acuerda de él para que enderece el rumbo que otro ha torcido. Lo diferente es que ese año sería nuevamente su club del alma, el Cádiz CF, el que requería sus servicios. A pesar de que la afición pedía a otro ilustre cadista como David Vidal (que tuvo a Jose como jugador), el hecho de que su antiguo pupilo, Roberto Suárez, fuera el director técnico amarillo pesó mucho más, y Jose aceptó, pese a que las condiciones económicas eran irrisorias (no había para más con el concurso de acreedores), teniendo ante sí repetir la hazaña que ya consiguiera en 2003, y que no es otra que devolver al Cádiz al fútbol profesional.




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Pepepino

06/06/2012 - 10:29
Hola, Manolo.

El dato que hace referencia a la derrota del Cádiz juvenil en la final de la Copa del Rey del año 2002 ante el R. Madrid está equivocado.

Según esta web se cayó en octavos de final: http://arquero-arba.futbolme.com/Juveniles/2001-02/0102-cr.htm

Un saludo.



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  Creación ficha:  09/09/2007
  Última actualización:  09/09/2007
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