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Ramón Rodríguez



La peña cadista 1910 quiere poner fin al relativo olvido al que se ha visto sometida la figura de Ramón Rodríguez (conocido simplemente como Ramón cuando jugaba). Nadie va a quitarle el sitio a los sensacionales jugadores que coincidieron con en él en el Cádiz, pero lo cierto es que Ramón, también criado en la cantera cadista, fue un jugador de mucho peso en el club amarillo (fue pichichi una temporada), y su traspaso al Betis salvó las cuentas de la entidad, en quiebra absoluta y que no podía ni pagar a sus jugadores. Su fichaje permitió a sus compañeros cobrar los muchos meses que se les adeudaba.

A pesar de jugar siempre como interior, todos los años marcaba un altísimo número de goles. Además, Ramón merece ser recordado también por su tremendo espíritu de lucha y superación: nada menos que nueve veces pasó por el quirófano durante su vida deportiva, y tras todas ellas se levantó y se recuperó para volver a ser el que era.

Esperamos que esta humilde biografía que aquí le realizamos, ayude a situar nuevamente a Ramón en el puesto que merece en la historia cadista, y que su nombre se recite también cuando se nombren a los canteranos ilustres que el vivero amarillo produjo a finales de los años 70.

 

 

 

 
EQ. TEMP. EQUIPO CAT PJ G
escudo1 1972-1973 Cádiz B REGIONAL          
escudo2 1973-1974 Cádiz B REGIONAL          
escudo3 1974-1975 Cádiz B REGIONAL          
escudo4 1975-1976 Portuense 3ªDIV.   -     -  
escudo5 1976-1977 Guadalajara 3ªDIV.   -     -  
escudo6 1977-1978 Portuense 2ªDIV. B   -     -  
escudo7 1977-1978 Cádiz 1ªDIV.   12     0  
escudo8 1978-1979 Cádiz 2ªDIV.   33     7  
escudo9 1979-1980 Cádiz 2ªDIV.   33     14  
escudo10 1980-1981 Betis 1ªDIV.   7     0  
escudo11 1981-1982 Betis 1ªDIV.   10     0  
escudo12 1982-1983 Betis 1ªDIV.   28     3  
escudo13 1983-1984 Granada 2ªDIV.   37     5  
escudo14 1984-1985 Granada 2ªDIV.   37     1  
escudo15 1985-1986 Granada 2ªDIV. B   -     -  
escudo16 1986-1987 Granada 2ªDIV. B   25     1  
escudo17 1987-1988 Granada 2ªDIV.   13     2  

 

 

Jose Ramón Rodríguez Daza llega al mundo en Sanlúcar de Barrameda, el 31 de agosto de 1955. Puede decirse que desde sus primeros segundos de vida, Ramón respira fútbol por los cuatro costados, lo mama desde la cuna: sus padres trabajan como encargados del campo municipal de El Palmar. Como era costumbre entonces, la familia al completo de los que llevaban a cabo ese trabajo residía en el mismo estadio. Así pues, desde muy pequeño, Ramón se levanta y se acuesta rodeando continuamente por balones, botas, hierba…era prácticamente imposible que no le gustara el fútbol. Allí vivió hasta que contrajo matrimonio.

Desde que tiene uso de razón, Ramón se recuerda con un balón entre los pies, horas y horas dando patadas van forjando el futuro futbolista cadista. Ya desde niño destaca por su habilidad y por su fuerza, y siendo todavía eso, un niño (catorce años), ingresa, a mitad de la temporada, en el equipo juvenil del Sanluqueño, donde se bate con jugadores que le sacan cuatro primaveras y varios centímetros. Ramón no se amilana lo más mínimo: desde el primer día su desparpajo y sus carreras por la banda derecha llaman la atención.

Tras completar esta temporada, es de los más destacados pese a su bisoñez, y ni qué decir tiene que Ramón continúa en el conjunto canterano sanluqueño. Aunque no duraría mucho: a mitad de su segundo año, y pese a su cortísima edad, ya da el salto al primer equipo verdiblanco, donde actúa como interior zurdo. Y es que entre las muchas cualidades de Ramón, estaba la de manejar casi tan bien las dos piernas, lo que le otorgaba una versatilidad que todos sus entrenadores han valorado de forma muy positiva. El conjunto atlético necesitaba refuerzos y no se podía permitir pagar a jugadores caros. La solución la tenía en casa.

 

Juveniles Sanluqueño Sanluqueño (primer equipo)

 

Jugar en el juvenil antes de tiempo puede estar muy bien, pero destacar en un equipo con solera de la provincia como es el Atl. Sanluqueño a la tierna edad de quince años ya era algo más serio. Ramón pasó a estar en el mapa futbolístico gaditano, y sus actuaciones no pasaron en absoluto desapercibidas: pronto varios ojeadores empezaron a seguirlo, hasta que quedó claro que allí había un futbolista que aspiraba a mucho más que a ser cosido a patadas domingo tras domingo en campos de mala muerte.

Uno de esos ojeadores era el incansable Luis Escarti, que habría de ser próximamente responsable del primer equipo en una durísima promoción contra el Barakaldo. El olfato del vasco-gaditano no falla. Unos cuantos partidos le bastan para indicarle al presidente, a la sazón, Gutiérrez Trueba, que no deje escapar una auténtica perla, y éste le ofrece un contrato para ingresar en los juveniles amarillos. Estamos en los albores de la campaña 71-72.

Ramón realiza una temporada fantástica. Junto a él, otros ilustres como Botubot, Recio, Juanito o Camas van cultivando la que será columna vertebral del primer equipo amarillo en el futuro. Tras este primer ejercicio liguero en los juveniles, Ramón cumple la edad máxima permitida para la categoría y pasa al filial cadista, creado apenas hace un año por el presidente Trueba. En la temporada 72-73, a falta de uno, el segundo equipo gaditano consigue dos ascensos: tras conseguir billete para Primera Regional, es convocado para una promoción final para llegar a Regional Preferente, donde ha quedado una plaza libre tras una renuncia de última hora. Los amarillos se miden a la escuadra de Morón de la Frontera, al que Ramón y sus compañeros baten con relativa facilidad. Una gran noticia para la entidad, ya que sus cachorros podrán seguir progresando ante equipos de categoría muy superior a los que se han medido hasta ahora.

Ramón apenas nota el doble salto, y continúa dejando actuaciones sobresalientes. Como ya haría posteriormente en el fútbol profesional, el sanluqueño destaca por sus altas cifras goleadoras para jugar como interior. En el filial cadista marca goles a pares.

Llega un momento en el que el segundo equipo amarillo se le queda pequeño al jugador, y hay que buscarle nuevos retos con los que continuar la construcción de un futuro futbolista para el primer equipo. Así pues, los gestores cadistas deciden que se marche un año cedido al Racing Portuense, que milita en Tercera División, aunque con aspiraciones mucho más ambiciosas. En dicha categoría se enfrentará a equipos que empiezan a tener ya un peso importante, como Xerez, San Fernando, Jaén o Algeciras, entre otros. Una vez más, Rodríguez responde casi sin despeinarse, y vuelve a ser uno de los destacados.

 

En el Cádiz B En el Portuense

 

Por desgracia, tras esta campaña a Ramón le llega el momento de realizar el servicio militar, lo que parece que va a cortar su progresión. Pero la fortuna le sonrió, ya que pudo enrolarse en las filas del Guadalajara, militante de Tercera División. Mantener los entrenamientos y el ritmo de competición fue clave para que el jugador regresara con más fuerza y empuje si cabe. Ramón lo recuerda así: “entonces era presidente del Guadalajara un hombre que había sido jugador del Sanluqueño, me conocía y era amigo de la familia. Se enteró de que estaba haciendo la mili en Leganés y vino a buscarme para que jugara con ellos. Ni me lo pensé, y tuve suerte con los mandos del cuartel, que me dieron todo tipo de facilidades para entrenar y jugar. Tenía que ir todos los días en autobús hasta Alcalá de Henares, y ahí me recogían otros compañeros, para seguir en coche hasta Guadalajara, pero a mí me encantaba jugar, y no me pesaba darme esos palizones”. Mientras tanto, el equipo al que pertenece, el Cádiz, consigue por fin su primer ascenso a Primera. El sanluqueño lo vive en la distancia, aunque sueña con regresar y poder cumplir su sueño de toda la vida: defender los colores amarillos y azul en la máxima categoría del fútbol español. Ni él mismo podía sospechar que era algo que estaba muy cerca de pasar.

La mili dura entonces 18 meses, por lo que la primera mitad de la campaña 77-78 la pasa en blanco. Cumplidas sus obligaciones, Rodríguez Daza se reintegra a la disciplina del cuadro amarillo, que con las mismas, lo vuelve a ceder al Racing Portuense, integrante de la recién creada 2ªB. A nadie se le pasa por la cabeza que juegue en el filial, claramente insuficiente para sus capacidades.

El primer equipo está pagando muy cara la novatada en Primera. A pesar de la fortísima inversión realizada por De Diego, el equipo hace aguas. Enrique Mateos ha sido cesado y su lugar lo ocupa Mariano Moreno, que tampoco termina de encontrar la tecla con la que pelear la permanencia. Vistos los acontecimientos, el entrenador madrileño decide tirar de la prolífica cantera amarilla, y repesca a varios canteranos, entre los que se encuentra Ramón, al que apenas le ha dado tiempo de jugar menos de una decena de partidos con el cuadro portuense, cuando es llamado a los entrenamientos con sus “mayores”. Un par de sesiones son suficientes para convencer al técnico cadista, que no sólo lo cita para el próximo partido: será además titular. En apenas unos días, el sanluqueño pasa de bregar en Segunda B a debutar en Primera con su equipo de toda la vida.

El debut (que, paradojas del destino, sería contra su futuro equipo, el Betis), no fue muy afortunado. La escuadra amarilla vuelve a recibir un severo correctivo en el estadio Ramón de Carranza: manita en contra (0-5). En cualquier caso, Ramón ha dado un paso definitivo, del que nunca volverá a recular. Su sitio en el primer equipo no está sujeto a discusión.

Daza guarda un mejor recuerdo de su segundo partido, que fue en el Camp Nou: “a pesar de que el Barcelona nos encerró en su campo, estuvimos a punto de ganar y conseguir una victoria histórica. Nos adelantamos con un gol de Ortigosa, y casi en el descuento Olmo empató de cabeza. Durante muchos minutos soñamos con hacer la proeza. Ese fue nuestro problema aquel año: hicimos partidos muy dignos ante los grandes, pero nos dejamos los puntos frente a los equipos de nuestra liga”.

 

Contra el Elche Duro disparo (contra el Murcia)

 

Como es de sobra conocido, el Cádiz CF no consigue la permanencia, y se ve abocado al descenso. Manuel Irigoyen accede a la presidencia, y desde el primer día, el inolvidable presidente gaditano impone una estricta política económica: el club arrastra una deuda asfixiante tras consumarse el descenso. Salen muchos jugadores para liberar fichas, y los canteranos tienen que dar un paso al frente. Ramón cumple a la perfección el perfil de lo que busca el nuevo dirigente: gente de la casa, que sienta el escudo, y cuyo coste sea menor que las altas nóminas que exigen los fichados de otros clubes.

En el bienio de Roque Olsen como entrenador amarillo, Ramón se consagra definitivamente como un jugador de primer nivel. A pesar de no poder conseguir el ascenso, el sanluqueño es pieza indiscutible de su equipo. Su velocidad por la banda y su poderío atacante le hacen ser uno de los niños mimados de la grada. Bien merecido y trabajado. En la temporada 79-80, y pese a actuar como interior diestro, se proclama pichichi de su equipo con 14 dianas, y por poco, no lo es también de la categoría. Una inoportuna lesión (de las muchas que habría de sufrir durante su vida deportiva) de clavícula en el ocaso de la temporada lo impidió.

Como él mismo recuerda, “menos mal que no era portero, porque si no, el fichaje se habría ido al traste”. Hablamos de su traspaso al Real Betis, apalabrado ya cuando llegada la citada lesión. Su llegada al club verdiblanco no fue una operación sencilla precisamente.

Tanto Sevilla como Betis habían puesto sus ojos en el jugador sanluqueño, que demuestra domingo sí y otro también, que su sitio es la Primera División. Jugador joven, de mucha fuerza, gran proyección, polivalente, con una facilidad pasmosa para hacer gol, y que está en un club humilde, lo que abarata mucho la operación. Estaba claro que un caramelo así era muy tentador para entidades de mayor peso. Manuel Irigoyen se puso en contacto con él para trasladarle el interés de los clubes hispalenses, pero Rodríguez no lo ve claro: su equipo de siempre ha sido el Cádiz, y aunque sabe que las metas del conjunto amarillo siempre serán menores, se siente como en casa.

“Finalmente fue el Betis el que pujó más por mí. Yo no quería irme, estaba muy bien aquí, pero la verdad es que el equipo lo estaba pasando mal. Hacía varios meses que no cobrábamos, y no sabíamos si finalmente lo íbamos a hacer. El Betis ofreció por mí una cantidad muy importante, y mis propios compañeros me pidieron, siempre desde el mayor respeto, que aceptara. Me costó, pero finalmente firmé y tanto mis compañeros como yo mismo pudimos ponernos al día y salvar una situación muy complicada”. Nada menos que 25 millones de las extintas pesetas tuvo que desembolsar el equipo heliopolitano para hacerse con sus servicios. Ya sabemos en quién revirtió principalmente esta operación. Años más tarde, Irigoyen declararía que “una de las pocas cosas de las que me arrepiento de toda mi etapa en el Cádiz fue el traspaso de Ramón”. Y es que desprenderse de un jugador así, nunca es fácil.

 

 

Ya en Sevilla, fue recibido por Carriega, técnico verdiblanco y gran valedor de su fichaje. Las expectativas y la confianza puestas en él eran máximas, pero las malditas lesiones no le permitieron despegar como era debido en su primer año vistiendo los colores verde y blanco. No en vano, en los tres años en los que duró su periplo en el Betis, tuvo que visitar el quirófano nada menos que ¡cinco veces! A pesar de ello, Jose Ramón jamás se quejó de su suerte: siempre tuvo la entereza de recuperarse lo antes posible, y volverse a levantar. Amaba su profesión y no estaba dispuesto a que las lesiones lo apartaran del camino, pese a que éstas parecían tomárselo en serio con él: “en mi segundo partido, contra el Valencia, un jugador me hizo una entrada criminal que me costó un menisco roto. Esa misma temporada, recuperado de esa operación, viajando hacia Sanlúcar tras un partido, tuve un grave accidente de coche, en el que viajaba toda mi familia, incluida mi mujer, embarazada de ocho meses. A mí se me incrustaron varios cristales en la espalda, y tuve que recibir un injerto de piel en dicha zona, y ochenta puntos de sutura. Aquello hizo que la temporada acabara para mí”.

Cualquier otro jugador se habría hundido y jamás se habría recuperado, pero Ramón tenía, como va dicho, una fuerza interior indomable, y no perdió la ilusión. Tenía mucho que hablar todavía sobre el césped. No sólo se recuperó, sino que terminó justificando su fichaje y demostrar por fin, al que era su público, que lo suyo no había sido un capricho.

Sus dos siguientes temporadas en el Betis son significativamente mejores que este primer fallido intento. Con el club sevillano Ramón juega incluso la Copa de la UEFA, y comparte vestuario con nombres tan importantes como Cardeñosa, Poli Rincón, Gordillo, Lobo Diarte, Esnaola, Biosca o Antolín Ortega, entre otros. Además, coincide con algunos jóvenes canteranos béticos que en el futuro, pasarían a engrosar la historia del Cádiz CF. En especial, un zaguero de pocas hechuras, poblado bigote y extrañas maneras, que respondía al nombre de Carmelo.

Tras este trienio como jugador bético, Ramón ha convencido a la parroquia verdiblanca, y el Betis ejerce su derecho de retención, prolongando de forma unilateral su contrato con el jugador por una temporada más. Sin embargo, arriba al Villamarín el técnico Pepe Álzate, que desde el primer momento señala que no cuenta con el sanluqueño. Ramón recuerda con sorna que “no entiendo como habiendo jugado casi todos los partidos de la temporada anterior, me descartó, sería porque cuando él era entrenador del Osasuna, siempre le hacía goles a su equipo”.

El caso es que ante la opinión inamovible de su entrenador, la entidad heliopolitana se ve obligada a ceder al jugador, siendo su destino final el Granada, que milita en Segunda División: “siempre le estaré muy agradecido al Granada y a su gente, allí pasé unos años estupendos”. Bien es cierto: aquello era el paso inicial a una relación que habría de durar todo un lustro, y en el que Ramón volvió a ser, una vez más, cruz de guía de los suyos.

Con especial emoción recuerda Ramón su primer año vistiendo el uniforme de rayas rojas y blancas. Fijo en las alineaciones (únicamente se ausentó en un partido, y la mayoría de ellos los jugó completos), Felipe Mesones tenía tanta confianza en él, que Ramón jugó, menos de portero, de todo: interior por ambas bandas, centrocampista, lateral diestro, lateral zurdo, delantero centro...Un día, al jugador se le ocurrió quejarse por los continuos cambios de posición a que le sometía. La respuesta del argentino fue contundente: “cállate boludo, si eres el único fijo en mi equipo, ¿acaso prefieres que te mande al banco?”. No se hable más.

 

En el Betis
(también está Carmelo)
Partido amistoso
hermanos Maradona

 

Además, el club de Los Cármenes llegó incluso a aspirar al ascenso (aunque en el último tercio de liga se desinfló, a pesar de lo cual firmaron un meritorio octavo puesto), y lograron la proeza de apear en el torneo del KO (cuando éste era tan prestigioso como la liga, y no una forma de mantener activos a los suplentes, como pasa ahora) a todo un Sevilla. El entendimiento fue total, y jugador y club prorrogaron su relación (ya sin cesiones de por medio) por cuatro años más.

Lamentablemente, un año después el escenario cambió bastante. El cuadro granadino no encontró su sitio en liga. Casi desde el inicio de liga se instaló en el vagón de cola, y pese a un estirón final, la derrota en casa en el último encuentro de liga frente al Castilla (que nada se jugaba) condenaba a Ramón y a sus compañeros a tener que descender a los infiernos de la Segunda B. Era la primera vez, desde que se hiciera profesional en 1978, que Ramón jugaría en categoría no profesional.

No obstante, el fútbol le tenía reservado una alegría más, cuando dos temporadas más tarde, Ramón podía sacarse la espina de este descenso devolviendo a la escuadra granadinista a la categoría de plata. Nuevamente, “Moncho” es imprescindible para su técnico, y sólo las lesiones le impidieron tener la regularidad de anteriores campañas.

Pero sin duda ninguna, el episodio más amargo de su larga carrera deportiva lo vivió en su última campaña en la capital de La Alhambra. El 20 de diciembre, en Elche, en el último partido antes del parón navideño, Ramón sufría su enésima lesión de rodilla, en la que se rompió de todo: ligamento, menisco…Ya se adivinaba que tras los continuos daños que había sufrido su tren inferior, y la edad que contaba entonces el jugador, aquella podía ser la puntilla definitiva que le obligara a colgar las botas. Pero en el colmo de la mala suerte, Ramón contrajo una grave infección en la mesa de operaciones: el mal se agravó, y por muy poco los galenos no optaron finalmente por amputarle la pierna, ante el avance de la infección. Esta vez sí el fútbol terminó para él. Ramón fue uno de los pocos futbolistas al que se le concedió la invalidez permanente, reivindicación que hacía poco la AFE había logrado convertir en derecho para los futbolistas.

Fue lesionarse Rodríguez y entrar en barrena el Granada. Los rojiblancos descendieron aquel año a Segunda B nuevamente, y desde entonces, no han conseguido recuperar su sitio de nuevo en el balompié profesional. Una despedida de lo más triste para un jugador que mereció salir de los terrenos de juego de una manera bien distinta.

 
¡JUGÓ CON MARADONA!

En la última temporada de Ramón en el Granada, coincidió con él un jugador cuyo apellido tenía mucho peso y que, pese a estar a años luz de su hermano, levantaba muchísima expectación: Maradona. El club granadinista pagó una importante suma de dinero por el futbolista, que hoy habría sido etiquetado de fichaje mediático.

En un parón liguero por la Selección, en noviembre de 1987, se organizó un partido amistoso contra el cuadro sueco del Malmoe. Aunque el gran atractivo estuvo sin duda en las filas del equipo rojiblanco: en la misma, fueron alineados, por primera y única vez, los tres hermanos: Diego, Hugo y Raúl “Lalo”. Ramón también figuraba en el once inicial de ese encuentro, junto al astro argentino y sus hermanos.

 

BREVE EXPERIENCIA COMO ENTRENADOR

Jose Ramón regresó de inmediato a su querida ciudad natal, donde, tras obtener el carnet de entrenador nacional, ejerció algunos años como tal. Durante algunas temporadas mató así el “gusanillo”, pero jamás se planteó volver a dejar Sanlúcar, esta vez para entrenar.

Termina así la biografía de este jugador que, a pesar del olvido en el que ha caído, no tiene más que palabras de agradecimiento para el que fue su equipo: “yo al Cádiz le debo toda mi carrera como jugador, siempre le estaré eternamente agradecido”. Ya que él, en su modestia, no levanta la voz, lo hacemos nosotros para reivindicar su pedacito de historia y memoria en el colectivo cadista. No caigamos en el error de dejar de lado a los que un día lo dieron todo para que nuestro equipo y nuestro escudo mantuvieran su sitio en el fútbol nacional. Especialmente en casos como éste.

 

 


Fotos: archivo personal de Ramón Rodríguez, cuya colaboración para realizar esta biografía ha sido total y absoluta, y al que queremos agradecérselo desde aquí



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  Creación ficha:  20/12/2009
  Última actualización:  20/12/2009
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